
La solución…
Buscabamos soluciones en todas partes, hasta que un día mi madre escucho un programa en la radio que decía “pare de sufrir” y me llevó a la iglesia. Yo no quería saber nada, yo tenía odio de la gente cristiana. Siempre me había burlado de ellos. No quería entrar allí. Pero mi mamá me hizo entrar a la fuerza, y cuando lo hice. Apenas crucé el umbral de la puerta las lágrimas comenzaron a correr por mi rostro. Y me sentí mejor. Participe de la reunión y le pedí a Dios que me cure o que me mate porque yo no quería vivir mas así. Después al finalizar la reunión hable con un pastor que me oriento como debía orar y hacer las cadenas de oración. A partir de ese día ya no tuve mas ataques, y poco a poco fueron desapareciendo las pesadillas, el nerviosismo, los deseos de quitarme la vida y todo lo malo que había en mi desde años.
CONTINUARA...
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